miércoles, 25 de febrero de 2009

Crónicas finales: Planificación periodística I (o, como la conocemos, Campolongo I)

"Señor, lo felicito. Es un varón".

Capítulo I: La amarga espera

¿Hay algo peor que despertarse a las seis de la mañana un sábado, justo el día de tu cumpleaños? Sí, que te levantes porque hay que rendir un final en la fábrica recuperada. Y no cualquiera, si no uno de los (tantos) cucos de la carrera: Campolongo. El mismo que pensaba enfrentar, nuevamente, la semana siguiente, pero para la II.
Era el quinto en una larga lista de seis personas. Llegué una hora antes, a las ocho, y ya se encontraban varios de mis ex compañeros de cursada durante el año, tanto de la I como de la II. Además, una señora, con años encima, y unas raíces que dejaban ver que el rubio de su pelo no era natural, esperaba a un costado.
-"¿Qué es mercado de la información?", preguntó, abriendo los ojos y mirando a todos lados y a ninguno, al mismo tiempo.
Desde allí, dio lugar a una serie de anécdotas de los mas hermosas sobre esta materia.
-"La Borquez es de lo peor. Te toma de memoria, con los apuntes al lado y te dice 'Ves, acá está lo que te pregunté'- muestra la palma de la mano y apunta con el índice de la otra hacia allí, como marcando algo". También nos contó que había "una gorda que es re forra. Te basurea. A una chica que nunca había desaprobado le dijo '¡Qué lindo! Tu primer patito'-sonríe, e inclina levemente la cabeza". En ese momento, toda la confianza que tenía cayó más que Wall Street.
Eran las 9:30 y ninguno de los finales había empezado. Extraño en un profesor como Campolongo, que los viernes arrancaba sus teóricos a las 21:15 puntualmente (y estaba desde las 20:50 en la puerta del aula). Fui a buscarlo a la planta baja, donde lo encontré, sentado, en la puerta de la Sala de Profesores. Su cara no llamaba a la simpatía.
-"Estamos esperando que llegue la gente de Profesores", me dijo. "Ahí tienen las actas para tomar el final".
Y media, menos cuarto, diez en punto... el tiempo pasaba y nosotros seguíamos esperando. Diez y cuarto, y veinte, y media... se acerca Campolongo junto a Lila Luchessi, la adjunta. Nos sentamos todos en la 201, y él se pone al frente.
-"Chicos, vamos a tener que suspender el final".
¿QUEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEÉ?
-"Hasta el momento, no llegaron en la oficina de Profesores. Sin las actas, no podemos tomar exámen. Esto es una falta de respeto para uds. y nosotros, etc etc etc". Silencio de radio.
Hubo varios intentos de convencerlo. No hubo caso. Charly se limitaba a decir "los entiendo, pero...", mientras cerraba levemente los ojos y extendía los brazos, como quien te da el pésame. Mi plan de rendir las dos en diciembre se me caía a pedazos. Sólo pensar en rendirla en febrero, quizás con el Seminario de Diseño Gráfico, o a mitad de 2009, con los otros finales, me infartaba. Varias propuestas se tiraron en la mesa, todas para salvar, de alguna manera, el lío en el que dos vagos de una oficina nos habían metido.
-"Chicos, yo los entiendo, pero..."
-"¡Ahí llegaron!", dijo una chica, entrando al aula.
Fue un volver a vivir.

Capítulo II. Para gozar, primero hay que saber sufrir

Tras relajarnos, empezaba LA verdad. Ricardo Cánepa y Rubén Levemberg eran los emperadores romanos que podían levantarnos el pulgar, o bajarlo y condenarnos a la peor de las muertes (si creen que exagero, ya van a ver cuando les toque). La primer valiente era la señora entrada en años y rubio teñido. Casi cuarenta minutos enfrentó a quienes, en ese momento, eran dueños de nuestras vidas.
-"¿Cómo te fue?", era. obviamente, la pregunta que todo el mundo quería hacerle.
-"Mal. Son unos hijos de puta. Te piden las definiciones de memoria. A mí me preguntaron el concepto de desinformación, de Gomis, y no me lo aceptaron".
-"Ah, acá está, es bla bla bla". Leí cuatro renglones perdidos, que empezaban algo así como "la desinformación, que es cuando...", en un texto que hablaba de otra cosa.
-"No. Yo les dije eso pero decían que estaba mal".
Empecé a preocuparme. Demasiado.
Cuestión que la cosa había arrancado mal. Primer final y primer bochazo, todo en uno. El segundo lugar le tocaba a una chica, casi de mi edad, pero aparentaba mucho más nerviosa. Fue más de media hora que estuvo. Desde afuera, veíamos a Cánepa levantarse de su silla y mirarla desde arriba, parado, como quien desprecia a esos seres inferiores llamados estudiantes. En algunas ocasiones, se inclinaba hacia adelante y señalaba un punto en el aire, buscando ESA partícula del espacio y no otra.
-"Chicos, aprendan la noción de desinformación de Gomis", fue la advertencia, cuando salió de rendir. Nota final: 4. Algunos testigos la vieron en el Obelisco celebrando el logro.
Pasa la tercera, también mujer. Tiempo del exámen: 30 minutos. Nota final:4. Gran algarabía había en la facultad. Era su último final.
Viene la cuarta. Yo era el próximo. Sale con una sonrisa. "Me tomaron todo de marketing", comentó. Aquelló para lo que todos nos habíamos preparado, pero hasta ahora las preguntas de posicionamiento, marca, segmentación de mercados, brillaban por su ausencia. Nota final: 8. Ahí tomé confianza.
Ingresé con cara de póker, como quien esconde el pánico que hasta ese momento tenía. Me recibe Cánepa, ya que Levemberg había ido a vaya a saber uno donde. Me habla con una voz muy suave, tanto que tuve que acercar mi silla a la de él para poder escuchar lo que murmuraba.
-"En el texto de Bonete Perales..." Me pregunta por una unidad que no se había dado en la cursada, y sólo se toma en los finales.
-"Ah, sí, es esto y esto...", le digo. Me mira fijo, diciéndome que no, con la cabeza. Me había confundido de texto.
-"Es verdad, porque el valor, el bien y una obligación y sarasa de acá, sarasa de allá". Nunca me sentí tan débil en una respuesta. Pero me la tomó por válida.
"¿Por qué es importante un código deontológico?", esa fue otra de las preguntas. "Porque así una profesión X se muestra a la sociedad como que presta un servicio importante para la misma, y bla bla bla".
Para el final, las características del lenguaje político, algo que aparece en Borrat. Algo que de taaaan confundido, mareado, cansado y demente que estaba, recordaba pero no podía asociar con la pregunta. Cuestión que, como en gran parte del exámen, tuve que tomarme varios minutos para elaborar una respuesta que sonara convincente. En ese momento llega Levemberg, leyendo la U. Se sentó y comentó con Cánepa: "Estos cambiaron de dueños, ¿no?", en referencia al diario. Yo agachaba la cabeza, tratando que cayera una idea. Ellos mientras degustaban unas deliciosas Cerealitas y leían las noticias del día.
"¡Ah, sí! Es esto, esto, y lo otro, que acá, que allá". Estaba bien. RC bajó la cabeza, señalo la puerta y no dijo nada. Me escapé. Ya había terminado.
Después de cuatro horas de demora y media más rindiendo, el silencio me aturdía la cabeza. Imaginen estar una semana entera tomando un promedio de cinco latas de Speed por día, más café y comer de a racimos. El largo pasillo del segundo piso de la sede de Ramos había quedado vacío, mientras los que esperábamos en la puerta trasera del aula 201 nos comían los nervios. Algunos quedaron sentados, mirando el suelo. Otros caminábamos de lado a lado esperando que Cánepa y Levemberg dieran la noticia y llamaran al próximo condenado. No habíamos quedado más de tres personas.
-"Parada Lopez, aquí tiene..." Un 4 era motivo de brindis. Nota final:7.
Mi corazón retomó su pulso normal. Volví a mi casa y dormí una siesta importante. No quería pensar que tenía que vivir esto de nuevo, el sábado siguiente

4 comentarios:

Flor dijo...

Me encantó!!
Ahora te digo una cosa, me das un aliento para cursarla este cuatri.......
Una sola palabra:

TERRORRRRRRRRRRR

Un beso,

Flor*

Rubén dijo...

¡Qué bien! Uno podría contar con lujo de detalles las cosas que escucha cuando toma finales, pero no vale la pena. Qué lástima. Rubén Levenberg.

Mariano Parada Lopez dijo...

Rubén: Lo que ocurre en un final no solo puede ser contado, si no que DEBE, porque es un acto PÚBLICO en dónde se define la calificación de un exámen que luego habilita al estudiante a acceder a un título. Por eso, recordarás, la situación ideal para tomar examen es con dos profesores y dos estudiantes: unos rinden y toman, y los otros en calidad de testigos por cualquier inconveniente. Situación que, por razones harto conocidas en nuestra facultad, no siempre es posible.
De hecho, las cosas que ocurren en finales se saben. He estado en clases donde se comenta lo que se hace bien y lo que se hace mal en exámenes, porque eso sirve a los demás a aprender de errores pasados. Siempre estas cosas, cuando se hacen con espíritu docente, son para mejorar y no para crucificar a nadie. Saludos

Anónimo dijo...

Acuerdo en la importancia de veedores en los exámenes finales.

El año pasado se pidio a la Junta de Carrera que los consejeros estudiantiles tomaran este rol y la experiencia fue muy positiva.
Saludos!